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NUTRICIÓN INFANTIL: VITAMINA D PARA BEBÉS

02 de abril, 2018

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Desde que nuestros hijos se encuentran en el vientre materno ya nos preocupamos por su desarrollo y bienestar. Es ahí justamente donde los nutrientes juegan un papel primordial, pero con especial atención la vitamina D. Tanto así que se ha relacionado niveles adecuados de esta sustancia con un índice óseo femoral superior en los bebés, peso adecuado al nacer, parto normal y mayor desarrollo neuronal. Mientras que para la madre disminuye el riesgo de padecer preeclampsia, diabetes gestacional e infección vaginal [1].   

Durante la lactancia materna, el bebé tiene suplida todas sus carencias nutricionales, a excepción de la vitamina D [2], ya que dado el ritmo de vida actual es “prácticamente imposible que la madre sintetizar la cantidad suficiente de vitamina D para que las necesidades de su hijo estén cubiertas [3]. Por otro lado, los bebés no son expuestos al sol por recomendación médica, lo que dificulta la producción de vitamina D de forma natural [4].

Las causas más comunes de una deficiencia de vitamina D en pediatría son:

  • Causas geográficas: latitudes mayores de 40º en el norte y sur, con aumento de déficit en invierno.
  • Contaminación atmosférica: disminuye la entrada de rayos UVB, al igual que los días nublados.
  • Menor exposición cutánea al sol: uso de bloqueadores, sombreros o ropa con protección a los rayos UV, permanecer en lugares cerrados.
  • Tipo de piel: la pigmentación oscura disminuye la capacidad de sintetizar la vitamina D del sol.
  • Dificultades clínicas: malabsorción de grasas, interacción con fármacos [5].

¿QUÉ TIENEN NUESTROS BEBÉS, DOCTOR?

Un déficit de vitamina D a edad temprana repercute a lo largo de la vida, incidiendo en la aparición de raquitismo (enfermedad que causa malformaciones en huesos y fracturas en niños), que no se alcance la estatura y masa ósea genéticamente programada para el menor, afecte su sistema inmunológico, baja producción de insulina y mal crecimiento celular [6].

También existe evidencia científica que asocia niveles inadecuados de vitamina D durante la niñez con la alta probabilidad de aumentar los riesgos cardiacos a futuro. Esto debido al endurecimiento de las arterias que se produce por la hipovitaminosis D [7]. Sin embargo, los investigadores señalaron que se necesita más avances entorno a esta investigación.

Existen tres maneras de obtener vitamina D, la primera es a través del sol, que entre un 80 y un 90% del requerimiento de vitamina D se consigue por medio de la exposición directa a los rayos UVB. La segunda es por la dieta, solo de un 10 a un 20% se obtiene por alimentos grasos, como sardinas, salmón, atún, aceite de bacalao, huevos y quesos. Por último, la tercera fuente es el suplemento, que como bien su nombre lo indica, sustituye el déficit de la vitamina D en el organismo.

La recomendación de uso de suplementos de vitamina D3 del Ministerio de Salud y la Academia Americana de Pediatría para bebés de hasta un año son: de 400 a 1000 unidades internacionales (UI) de Vitamina D (entre 2 y 5 gotitas), teniendo lactancia exclusiva materna o en aquellos que consuman fórmula en cantidad menor a 1L/día (las fórmulas traen generalmente 400 UI/L). Para niños de 1 a 3 años, se recomienda administrar de 600 a 1000 UI, equivalentes a 3 y 5 gotas [8]. Cabe mencionar, que consultes siempre con tu pediatra cual es la mejor alternativa para cuidar la salud de los más pequeñitos del sol.

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